El Barça arrasado, reducido a cenizas, desnudadas sus carencias y sangrando en su esquina del cuadrilátero mientras que el Bayern, todo garra y potencia, le seguía dando directos en la cara aun cuando los culés pedían un tiempo muerto, un respiro, una tabla a la que agarrarse por el tremendo ciclón que les asolaba. Sin discusión, no hubo rival para el Bayern, que repitió ese resultado que tantos fantasmas despierta entre los culés.
Un Bayern que, para más inri, llegaban con las bajas de Badstuber, Mandzukic y Kroos, baluartes del aplastante juego teutón, pero no era problema para Heynckes porque anoche demostró que, desde el respeto, sabía lo que se decía cuando afirmaba conocer al Barcelona como a su propio equipo. Y lo demostró donde se hace el fútbol: en pleno césped, once contra once. Y la diferencia fue palpable desde el primer minuto, porque el Bayern siempre dominó el partido en las tres versiones de su juego entendidas como el contraataque coordinado, el dominio del campo y la presión agobiante sobre todo lo que vistiese azulgrana. Javi Martínez y Schweinsteiger en plan imperial para evitar la circulación de los culés, Robben retratando a Alba y Müller como ejemplo de sacrificio. No se anduvieron con medias tintas, el camino a Wembley desde Baviera pasaba por dar un golpe sobre la mesa ante uno de los mejores equipos del mundo y, sin titubear, así lo hicieron.
El Barça fue el reflejo de la impotencia, de sentirse como se habían sentido sus rivales durante un lustro, de ver como cada metro del campo tenía bandera germana. Messi… un momento, ¿Messi estuvo? Pues si, aunque les sorprenda. Cero tiros a puerta del argentino, o mejor dicho, dos tiros a puerta de Bartra son el mejor resumen posible de lo que ha sido el partido del Barcelona en ataque, y es que el sistema, que no me refiero al juego de toque, está obsoleto. Anoche se fusiló al falso 9, que brillantemente funcionó en su día, pero ya no, nunca más. Un auténtico fiasco que, bajo ningún concepto, puso en aprietos a los Lahm y compañía, pero lo realmente preocupante del asunto es mirar al banquillo y ver que lo más potable ofensivamente, si no lo único, es Villa, ya que Tello, de forma incomprensible, ¿disfrutaba? del partido desde la grada. La diferencia de este Barça respecto a las versiones contra Inter y Chelsea es que hubo temple, seriedad y fe en lo que se hacía, pero lo de anoche solo fue un cóctel de desesperación, malas maneras, quejas y anarquía por sistema. Noche para olvidar.
Por mi parte, felicito al Bayern, de corazón, porque ha vencido al Barça sin un ‘pero’ que objetarles a pesar de los goles en fuera de juego. Porque es cierto, los hubo, pero cuando un equipo es tan superior a otro, el digamos “pequeño” sabe que si los goles no le caen por un lado le caerán por otro. Invito a reflexionar al seno blaugrana y hacer una mejor planificación para la temporada que viene, especialmente en el plano físico