He escogido esta caricatura de Caye, del diario Sport, para ilustrar qué sensaciones me da el F.C.Barcelona desde que Tito marchara a Nueva York. Porque ayer el Barça se queda a 13 puntos del Madrid, muchos todavía, pero hoy el Atlético de Madrid tiene la oportunidad de ponerse a nueve. Y nueve puntos son tres partidos perdidos. Y el Barcelona de los últimos cuatro partidos ha perdido tres. Esta liga se lleva celebrando desde noviembre, cosa normal si destacamos que el Barça de la primera vuelta fue absolutamente espectacular e inmaculado en sus números, 55 puntos de 57 posibles, una "puta barbaridad" como diría Guardiola.
Pero si la liga hubiera empezado en la segunda vuelta, ya no podríamos hablar de números estratosféricos. Después de disputar 7 jornadas, de 21 puntos posibles se han conquistado 13. Ocho puntos han volado en Anoeta, Mestalla y Bernabéu. Pero yo, que soy más de letras que de ciencias, prefiero hablar de las sensaciones que me deja el F.C.Barcelona este último mes y medio de competición. Son los mismos directivos, los mismos jugadores pero sin Tito Vilanova en el banquillo. El capitán del barco azulgrana se encuentra en la otra punta del globo y este Barça está visto que no funciona a control remoto.
Lleva 13 partidos consecutivos sin dejar la portería a cero, 21 goles encajados para ser más exactos. Y en los últimos encuentros lo más preocupante es que genera muy pocas ocasiones de gol. Apenas se chuta entre los tres palos y además no andan sobrados de puntería. La imagen del partido de ayer es Pedro. El canario pasó inadvertido y la jugada que define su estado de forma es aquella en que no supo qué hacer con un regalo que le hace la defensa madridista al querer evitar un córner. Teniendo la portería de Diego López a dos metros, devuelve el regalo en forma de pase erróneo a la frontal del área. También dice mucho de la anarquía azulgrana la falta que Mascherano saca en el centro del campo chutando directamente a portería, pero además muy desviada. Faltan ideas sobre el césped, se ha perdido el alma de equipo -la presión, la solidaridad en defensa, las lineas juntas, las coberturas- y no hay nadie que tire del equipo cuando las cosas se complican. Iniesta y Messi lo intentan pero no es suficiente. Y en el banquillo también faltan soluciones. Los cambios de ayer fueron cuanto menos discutibles. Como también echo de menos que se vean sobre el campo jugadas de estrategia. Descontando las faltas directas que chuta Leo Messi, me faltan en los últimos tiempos jugadas de pizarra que puedan sorprender al rival.
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