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En el
primer partido, el tercer cuarto fue determinante, en el que los Celtics
anotaron sólo 8 puntos, con lo cual perderían el partido a pesar de haberse ido
ganando al descanso. Un Melo estelar marcó el primero, al igual que el segundo
y el tercer partidos con una tormenta brutal de anotación. Lo cual no ayudaba a
su equipo en ciertos momentos de fallo del alero, tiene demasiados galones, lo
cual puede que nuble a los Prigioni o Shumpertdemostró la calidad que llevan
sus muñecas con un magnífico sexto partido. JR Smith también fue determinante
con un muy alto porcentaje de acierto en el primer y segundo partidos. Lo que
unido al cuarto cuarto del ‘Game 2′, con 9 puntos para los verdes, fue
absolutamente decisivo para no perder el factor cancha.
Llegaban
los Knicks al TD Garden para quedarse a un partido de pasar de fase, y vaya si
lo consiguieron. ‘Melo’ no estuvo tan fino como las dos noches anteriores, pero
las malas series de tiro de ‘KG’ y Pierce dieron alas a los de Woodson. A pesar
de las altas anotaciones de Green tanto en este como los anteriores, no
dispusieron de las opciones suficientes.
La
serie pendía de un hilo para los Celtics, pero supieron reaccionar, dando un
golpe sobre la mesa en el cuarto encuentro. La ausencia de JR Smith por la
agresión a Terry en el tercer partido y la pésima serie de tiro de Carmelo,
10-35, pudieron ser las claves para que un partido prodigioso en ataque de
Pierce, bien secundado por Green, forzara la prórroga. Una vez allí, ya saben
todos como se las gastan los aficionados del antiguo Boston Garden, el famoso
‘Let’s Go Celtics’ coreado por la grada fue suficiente incluso para despertar
de su letargo a ‘Jet’ Terry, que cerró el partido a base de canastas como las
que veíamos en sus mejores tiempos en Dallas. Así Boston, se libraba de su
‘entierro’, como lo calificaron algunos jugadores de Knicks.
Seguían
siendo aún las esperanzas bastante débiles, pues ningún equipo ha levantado
jamás un 3-0. Tocaba el punto más complicado de la serie. El ‘Win or Home’
asolaba a los Celtics, que además lo hacían fuera de casa, pero eso pareció ser
poco para un equipo que presentó un partido muy equilibrado, Bass, Garnett,
Green, Pierce y Terry anotaron más de 15 puntos cada uno, sumando 18 rebotes a
la actuación del ’5′. La confianza de los aficionados Celtics crecía día a día,
y es que el sexto partido se disputaba el feudo céltico. Dejaron la serie en
3-2.
Empezó
el juego igual que el anterior, perdía Boston por más de 10 puntos en el primer
cuarto, llegando al increíble dato de tener más pérdidas que tiros convertidos,
lo cual se mantendría durante todo el partido. Hicieron la ‘goma’ los de
Rivers, llegando a situarse 18 puntos abajo, aunque sería recortado al
descanso. Pero el tercer cuarto sería la continuación del primero, pérdidas de
balón y fallos incomprensibles, que llegaron a situar a Knicks con una ventaja
de más de 20 puntos. Momento del punto de inflexión en el enfrentamiento.
Los
aficionados Celtics perdían la esperanza al ver saltar
al campo a los suplentes de su equipo, pero estoy convencido de que en lo más
profundo, aún existía una mínima confianza, que fue hacíendose mayor a cada
segundo que restaba del final. El Orgullo Verde en estado puro inundaba las
calles de Boston, el pasado histórico de esta franquicia hizo a los jugadores concienciarse
de que no podían irse a casa sin haberlo dado todo y así lo hicieron. Bradley,
jugando lesionado, fue el jugador fiero que todos conocemos, hasta ese momento
con 0 puntos, emergió de las profundidades para anotar 10 puntos con 3
robos incluidos para un parcial de 24-2 que endosarían los locales a New York.
No había circulación en Knicks, los nervios atacaban, con tiros precipitados, y
dejando a Boston a sólo 4 puntos y con posesión. Momento en el que el partido
cambió de rumbo, momento, por qué no decirlo, en el que mi corazón estuvo a
punto de estallar de la tristeza de que nos íbamos a casa, pero también de
alegría, de saber que ningún otro equipo conocido es capaz de ser dueño de este
espíritu. Sólo se me ocurrió levantarme del sofá, aplaudir y agradecer su
carrera a Pierce, Garnett, y Rivers y la temporada al resto de jugadores y
cuerpo técnico.
Porque
ayer Dios bajó al TD Garden disfrazado de ‘Green Pride’.
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