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Con su espíritu de superación ha hecho olvidar muchas rencillas y unir en el mundo del fútbol, el apoyo mostrado mundialmente le ha convertido en historia, considerado por muchos un auténtico portento de la naturaleza, vuelve a aparecer en un momento clave para ayudar al equipo cuando más se le necesita.
Ejemplo de integración, de querer aprender día tras día, convertido en un líder, aparece cuando el equipo sufre más en defensa, demasiados goles encajados y demasiadas bajas por lesión son algunos de los detalles, y este portento sabe poner orden. Un hombre clave para cuando veíamos al Barcelona jugar con defensa de tres, más allá voy, sin un hombre de las características de Abidal probablemente Guardiola no hubiera impuesto ese cambio en su día, pero allí lo tenía para hacerlo. Capaz incluso de jugar como central cuando más se le necesita y cumplir como el más experto.
No ha destacado nunca como goleador, tan solo recordamos de él dos goles, y que goles, uno en San Mamés para clasificar al Barcelona para cuartos de final de la Copa del Rey hace dos temporadas, y otro en la misma competición hace un año en el Santiago Bernabéu que a la postre serviría para eliminar al eterno rival.
Se antoja difícil verle de inicio ante el Celta, pero quien sabe, si las cosas van bien, si quizás pueda disputar de algunos minutos durante el segundo tiempo sustituyendo a algún compañero que lo primero que hará será darle un abrazo antes de saltar al terreno de juego y ser ovacionado por una afición que aunque no es la suya, sabrá valorar que vuelve al fútbol tras haber vencido al peor rival que podía haberse encontrado.